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Thursday, 8 September 2011

Carta de un bebé indignado!

Hola, soy Marquitos… sí, vuestro bebé, y quería deciros que estoy un poco hasta las pelotillas de que me mováis de aquí para allá constantemente, de despertarme cada día a las 0800 cuando yo necesito por definición dormir hasta al menos las 0930, de que cada viernes o víspera de festivo hagáis las maletas y salgáis en pos de la montaña las más de las veces o la playa las otras pocas que quedan (¿acaso no os gusta Madrid? ¡coño, si tan poca gracia os hace, dejad la ciudad de manera definitiva pero dejad de tocarme la moral!), de que me abandonéis cada día durante 5 horas con unas tías extrañas que indefectiblemente me inflan a comer, me zarandean, me limpian, me peinan, me perfuman, me obligan a dormir cuando lo que quiero es jugar con Aritz, me dan una crema pastosa en el culete que no me deja de picar en todo el día, y me dicen cosas que deben ser bonitas pero que apenas entiendo (debe ser por esa manía de mamá de hablarme en lo que denominan el bello idioma Francés… ¿qué quiere hacer de mí, un Rimbaud cualquiera cuando sólo soy un Pécuchet?).


Y sigo sin entender vuestra mala costumbre de cerrar puertas y ventanas allá por donde voy, de bloquear las puertas de los armarios, de subir los libros dos baldas por encima de mi cabeza, de darme la mano para que ande.


¡Basta ya! ¡Estoy indignado, aunque no tenga capacidad para unirme a los tipos de la Puerta del Sol!


Debéis saber que quiero salir a la terraza, al patio, a la calle, respirar aire puro, tiraros la ropa de los armarios al suelo, coger y despedazar vuestros libros de viajes (viajad… aún más, y dejaros de leer sentados en el sofá del salón), y que os quede claro, ¡no quiero andar! ¿Qué razón hay en hacerlo si mis yayos y aitites me cogen en brazos tan pronto me ven? ¡Entrad en razón de una maldita vez!



Monday, 1 August 2011

The Killer Baby

Ha sido un fin de semana de locos. Después de ocho noches en las que no hemos podido dormir más allá de dos horas de un tirón, nuestro bebé ha decidido celebrar su fin de fiebre con dos noches más adicionales de toses, lloros y alaridos humanos de todo tipo y amplitud. Este fin de semana, en contra de lo estimado, he realizado afirmaciones de las que ya me arrepiento, y que se pueden resumir en:


- ¡No, no quiero más hijos!


- ¡Estoy deseando volver al trabajo el lunes!


- ¿Por qué no abrirán la guardería los fines de semana?


- Oye, hay que pensar en enviar al niño con sus abuelos durante el verano. El sol de Valencia o el fresco de Bilbao no le pueden hacer mal.




Hoy estoy literalmente reventado, me caigo por las esquinas, estoy ojeroso, arrastrado, molido, destruido… este año cumpliré al menos un lustro en vez de ir de un en un año. Hay que tener un claro convencimiento para soportar este caos. Imaginaba que la crianza de un hijo era más compleja que un vino de crianza pero no tengo palabras. Apenas puedo oír mi voz, y tan pronto un sofá, sillón o colchón se pone delante de mí, a por él que voy. Sueño con un spa, con colchones de pluma, frescos almohadones, baños tibios, paseos en el bosque… ¿qué se yo?


Este fin de semana me han despertado, me han llorado, berreado al oído, dormido sobre mi pecho a las 3 de la mañana, vomitado (por dos veces), orinado (por una vez)… aunque eso sí, tengo ahora mismo la misma sensación de fortaleza que un alpinista de los años 60 debía experimentar cuando hoyaba cumbre. Me siento fortalecido tras esta experiencia… pero por favor, que no se repita en la vacuna de los 15 ni en la de los 18 meses.