Esta mañana, viajábamos mi pensamiento, ese personaje que tanto me influye, y yo mismo juntos en el tren, en apacible camino de la oficina, y aquél me ha hecho creer que me gustaba lanzar alguna que otra mentira muy de vez en cuando.
Mientras él me comentaba lo que aparentemente ha aprendido a identificar en mis conversaciones, que no parece ser otra cosa que mi gusto por la mentira, no he podido remediarlo y rápidamente he desconectado de su conversación, pues sinceramente me ha ofendido y descolocado, aunque acto seguido he comenzado a validar si su afirmación era cierta, y si lo era, cuál era la frecuencia y profundidad de mis mentiras.
En estas disquisiciones andaba yo mientras las estaciones se sucedían monótonamente tras mi ventanilla, y creo haber alcanzado al menos estas conclusiones en mi “cargo” pues las mismas no aplican a “descargo” alguno, ya que sinceramente certifican lo acertado del comentario de mi pensamiento, así que desde aquí le envío mi más sinceras felicitaciones y le agradecería comunique conmigo de forma más frecuente.
- Mi gusto por la mentira debe estar relacionada con mi inmadurez. Me niego a crecer, es cierto, y aunque físicamente he conseguido no hacerlo en demasía, mentalmente continúo luchando contra la hormona del sentido común pues me parece excesivamente aburrida, ¿no es cierto?.
- La mentira, a mi parecer, también tiene su punto divertido, pues te permite observar desde la privilegiada atalaya que la farsa proporciona, el torbellino de reacciones que despierta en el entorno.
- Dicen que la realidad supera a la ficción, pero en mi opinión y por mi propia experiencia, la elaboración minuciosa de un escenario ficticio es una tarea enormemente gratificante. Recuerdo de pequeño las visitas a los decorados cinematográficos donde mi padre trabajaba, y creo que desde entonces he creído en la vida como un enorme escenario que requiere los más elaborados decorados para comodidad del actor, y no olvidemos que cada uno de nosotros somos los protagonistas.
- La invención añade un toque de misterio al mentiroso, un aura de interés y una pizca de riesgo en su vida. Vosotros lectores y lectoras mentirosillos, aquellos que visitáis mis textos y no dejáis comentario alguno intentando no dejar rastro de vuestra aparición, y por lo tanto mintiendo respecto a vuestras actividades diarias, ¿no es cierto lo que aquí expongo?
En definitiva, quien no tenga entre sus labores más frecuentemente ejecutadas las que corresponden a la elaboración de una buena trama, que tire la primera piedra.