Regreso al blog, un momento dedicado a volcar pensamientos y formas de hacer sobre asuntos que han sucedido en el último mes en la familia.
El pasado 26 de octubre, día de cumpleaños de mi madre, me llamó sobre las 11.30 para comentarme que regresaban de urgencias, mi padre tenía un fuerte dolor en el pecho y el brazo izquierdo. Aunque no vieron nada incorrecto, les indican que se dirijan a las urgencias del hospital grande y cercano a casa. Les acerco al mismo, y tras unas horas siguen insistiendo en que no sucede nada malo, se trata según dicen de un problema muscular.
Volvemos a casa, quiero pensar ahora, con menor preocupación, aunque eso no sea del todo cierto. Celebramos el cumpleaños en familia, jugamos con los peques y mi padre antes de la comida se marcha él solo a comprar una gran tarta de chocolate. La verdad es que aunque nos habían confirmado que se trataba de un tema muscular, en casa estámos preocupados por si no es sólo un tema trivial y esperamos su vuelta pues pasa un buen rato hasta que vuelve a casa.
El lunes 27 todo transcurre normal, cada uno en sus asuntos, mi mujer al cuidado de la pequeña, mi hijo en su colegio y yo en el trabajo. A mi regreso, hablo con mi padre (suele ir diariamente a la piscina) y le pregunto por el día. "Todo bien", asegura, aunque no ha ido a la piscina, prefería estar tranquilo (intuye problemas, ahora me queda claro)
De madrugada (lunes 27 a martes 28) mi madre me llama (02.30 creo recordar), y me pide el teléfono de un taxi. Estoy desconcertado, le doy el teléfono y le pregunto que si subo a buscarle. Me comenta que no, que se trata de nuevo de algo muscular seguramente. Le pido me llame desde el hospital y así lo hace media hora más tarde para decirme que ya está en el box y que mi padre tiene una taquicardia. Bueno, hasta aquí todo medio bien, comentamos ella y yo que seguro se debe a los nervios de verse en esa situación... comento si debo acercarme pero estoy muy cansado, mi hija se despierta con frecuencia para las tomas nocturnas (sólo tiene 3 meses). Decido quedarme en la cama, a la espera de más información por parte de mi madre.
Pasa media hora más, vuelve a llamarme y esta vez se confirma lo peor. Yo hace un rato acabo de sentir escalofríos... producto de la casualidad, de una noche en vela, un presentimiento o una comunicación...? Mi madre confirma que mi padre está sufriendo un infarto, le llevan de urgencia en un ambulancia al hospital de La Paz en Madrid.
No queda otra, salto de la cama, me visto aturdido y mi mujer me recomienda que coja un taxi. Estoy nervioso y duda de mi capacidad de desplazarme sin sufrir un percance. Ella llama un taxi y antes de salir por la puerta ya me espera.
Subo al taxi, le comento que me lleve al hospital Infanta Sofía donde he quedado con mi madre para recogerla y dirigirnos al hospital de La Paz. El taxista me pregunta si me dirijo a urgencias y le respondo que sí, que mi padre acaba de sufrir un infarto. El taxista responde con un "Hostias!"... lo que si cabe me alarma aún un poco más... si es que no era ya consciente de la situación.
Al llegar a urgencias, mi madre está sola en la puerta del hospital, llorando. Le comento, "vamos, llamo a un taxi y salimos para el hospital de La Paz". Me comenta que no, se ha puesto mala al recibir la noticia, una crisis de ansiedad le deja el estómago revuelto y quiere volver a casa para darse una ducha rápida. El taxi por lo tanto me deja a la puerta de mi casa, y mi madre sube a la suya. Quedo en esperar su llamada y subir a buscarla tan pronto esté lista. Yo decido "ponerme al día" y cambiarme de ropa... pero en unos minutos mi madre me llama para decirme que le acaban de llamar del hospital de La Paz y que nos esperan de manera urgente para informarnos. Mi madre afirma al teléfono "hijo, me temo lo peor".
Subo totalmente destrozado a casa de mis padres, la recojo y salimos, mi hermana viene de camino, en plena noche (deben ser las 03.40) y desde 45 km al norte de Madrid.
A nuestra llegada al hospital siguen las comunicaciones alarmantes, "suban, les están esperando". Subimos mi madre y yo, coincide la salida de mi padre del quirófano y nuestra entrada a la sala de espera. Le vemos, cansado, preocupado, asustado, pero está ahí, está vivo. El doctor sale a informanos una vez le llevan a su habitación en la UCI de cardiología. Todo ha ido bien, le han colocado un stent, las próximas 24 horas parecen críticas y queda en observación. Mi hermana llega, esperamos a que la enfermera nos permita pasar a ver a mi padre a la habitación. Entramos juntos, no nos tranquiliza verle literalmente conectado a varios monitores y cables. Echamos a llorar. Nos dejan unos minutos con él y nos explican horarios para venir a verle. Tras unos minutos, nos marchamos, sigo muy nervioso, me despido de él, no me repongo aún del susto (la mala diagnosis del domingo y los protocolos de comunicación alarmantes me siguen teniendo bloqueado y knockeado), acierto a decirle al oído "te quiero papá"...
Hoy, 23 de noviembre regresó a casa, el viernes le colocaron 2 stents adicionales. En la primera intervención ya nos comentaron que otra arteria estaba algo obstruida pero nuevas pruebas confirman que la medicación no ayuda a liberarla y deciden intervenir. El viernes 21 le vuelven a operar, le ingresan el día 20 por la tarde y comentan que será operado el tercero en la mañana. Llegamos a las 09.40 y ya se le han llevado a quirófano. Han decidido (no sabemos si priorizar o qué...) adelantar su operación. Esperamos a la entrada del quirófano. La doctora llama a los familiares de "Sánchez ..." y saltamos de los asientos para atender su llamada y explicación. Todo ha ido bien aunque le duele el pecho, lógico tras la intervención.
Son momentos críticos, como he dicho antes, malas diagnosis y comunicaciones en mi opinión inadecuadas o al menos incomprensibles para mí, me han tenido durante días, y aún me tienen desconcertado. En unas horas pasé de creer firmemente en un problema muscular a dar por muerto a mi padre (en el recorrido de casa al hospital de La Paz sin duda inicié el proceso de duelo...)
En sólo un mes mi escala de valores se ha dado la vuelta por completo... la compañía de la familia, el amor, cercanía, diálogo y atención son lo único que merece la pena. Ni un trabajo, ni el dinero, ni por supuesto miles de bienes materiales acumulados a lo largo de una vida tienen sentido. Hay decisiones que claramente no puedo tomar de forma radical, aunque mi sentido común me lo pida a voces. No puedo abandonar mi trabajo y modo de vida, no sé cómo sacar adelante a mi familia sin ese vínculo económico. No sé cómo ni de dónde obtener más momentos para disfrutar de lo que realmente importa. Quizás la acumulación de bienes me impide romper... me hacen esclavo de un modo de vida... me alejan de lo que importa... en cualquier caso, mis valores no volverán a ser los mismos, ni la materialidad ni temas ajenos a mi libre elección serán mis prioridades... sin duda, una experiencia negativa de la que obtengo un aprendizaje que transmitiré a todo aquel que me lo pida o que sea parte de mi mundo. Puedo decir que "he cambiado".
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Sunday, 23 November 2014
Monday, 19 August 2013
?
Acabo de regresar de los Pirineos otro verano más. El blog continúa abandonado pero hoy saco un minuto para darle una pensada. Los sentimientos son los mismos, a pesar de que ya son 7 los años que llevo visitando el Pirineo, fiel año tras año, sea verano o invierno.
Este verano ha sido maravilloso observar el buen aspecto de glaciares y neveros, y el pequeño de 3 años ha hecho sus primeras randonées en el Vignemale y Gavarnie. Unas fotos fantásticas que espero signifiquen el inicio de una afición compartida por padre e hijo de unas montañas mágicas que me fascinan con cada visita.
Dios, sólo echo tanto de menos no poder despertar cada mañana viendo esas fantásticas cimas, y encontrar la manera de marchar allí, pero aquí sigo, en el sucio Madrid, batallando cada día, ahora quizás más que nunca tras un cambio de departamento en mi empresa.
Mi piso está a la venta, es un momento "raro" para vender lo sé, pero el objetivo es comprar algo mayor (es un momento óptimo para comprar), pero traigo millones de dudas en mi cabeza respecto a la decisión de comprar algo mayor o simplemente esperar a la venta (cosa que debería haber hecho en 2006) y completar de una jodida vez mi ideal del Pirineo consiguiendo un trocito más de Paraiso allí y simplemente vivir de alquiler en Madrid.
Hoy un compañero, jodidamente negativo me ha dado una noticia que espero no sea cierta, pues profesionalmente sería un punto de inflexión que de manera definitiva me obligaría a llevar mis pasos hacia otros caminos.
Bueno, aquí publico una serie de ideas inconexas que necesitaba liberar...
Este verano ha sido maravilloso observar el buen aspecto de glaciares y neveros, y el pequeño de 3 años ha hecho sus primeras randonées en el Vignemale y Gavarnie. Unas fotos fantásticas que espero signifiquen el inicio de una afición compartida por padre e hijo de unas montañas mágicas que me fascinan con cada visita.
Dios, sólo echo tanto de menos no poder despertar cada mañana viendo esas fantásticas cimas, y encontrar la manera de marchar allí, pero aquí sigo, en el sucio Madrid, batallando cada día, ahora quizás más que nunca tras un cambio de departamento en mi empresa.
Mi piso está a la venta, es un momento "raro" para vender lo sé, pero el objetivo es comprar algo mayor (es un momento óptimo para comprar), pero traigo millones de dudas en mi cabeza respecto a la decisión de comprar algo mayor o simplemente esperar a la venta (cosa que debería haber hecho en 2006) y completar de una jodida vez mi ideal del Pirineo consiguiendo un trocito más de Paraiso allí y simplemente vivir de alquiler en Madrid.
Hoy un compañero, jodidamente negativo me ha dado una noticia que espero no sea cierta, pues profesionalmente sería un punto de inflexión que de manera definitiva me obligaría a llevar mis pasos hacia otros caminos.
Bueno, aquí publico una serie de ideas inconexas que necesitaba liberar...
Monday, 25 May 2009
Reflexiones
El pasado fin de semana esta reflexión recurrente regresó a mi cabeza, invadiendo ya por infinita vez mi espíritu, y bloqueando nuevamente mis ideas, limitando en buena parte el disfrute de los días libres, pues me arrastra a “llenar” quizás artificialmente las buenas cuarenta y ocho horas que abarca el fin de semana.
Siempre me ha sucedido, y desde mi infancia, concretamente desde que fui consciente de la brevedad de nuestras vidas tras conocer la noticia de la muerte de un famoso payaso de televisión allá por los años 70, este asunto que aquí expongo me ha preocupado sobremanera. Recuerdo como si fuera ayer la noticia que aquí nombro, y como esa noche, intentando conciliar el sueño, las preguntas se acumulaban en mi cabeza, cuestionando dónde había ido a parar este personaje público, si tendría la oportunidad de volver a disfrutar de sus actuaciones, si ese mismo hecho me sucedería en la vida, etc.
Pues bien, todos esos pensamientos que algunas veces me visitan, se traducen en momentos en los que me siento especialmente bloqueado, en los que la cuestión principal que se abre paso en mi mente hace referencia al sentido de mi existencia y la de los que me rodean e importan. Todo esto me pasa, y como diría alguno, me está bien empleado, por ser tremendamente introspectivo y dedicarle tiempo y esfuerzo a analizar estas cuestiones. La vida sería tan sencilla y maravillosa, pero también estúpida e insulsa si sólo me dedicara a completar mis momentos de ocio con visitas a los grandes centros comerciales que nos ayudan a olvidar todo esto de otro modo. Porque, toda esta parafernalia superficial que nos rodea, ¿qué razón tiene que no sea distraernos con objetivos ajenos?
Detallando el proceso analítico de este asunto, con frecuencia, los pasos que sigo de forma involuntaria cuando la cuestión aquí tratada visita mi mente, consisten en un rápido análisis de mis “logros” (donde un amplio peso a los económicos es siempre concedido), enfrentando los mismos a mi edad. Casi siempre esa comparación levanta una alarma en mi foro interno, y una lejana (cada vez menos lejana y más estridente conforme mi edad se acumula) voz confirma que el tiempo pasa veloz, imperdonable, y que muchas de las actividades que le dan sentido a mi existencia son pasadas por alto y disfrutadas en menores cantidades de lo que razonablemente deberían serlo. Supongo que la cuestión es común al resto de los mortales, pero no por ello deja de preocuparme.
Esas actividades que comento están compuestas de breves momentos de libertad, sentimientos muy elevados, conciencia de mi propio cuerpo y de mi lugar en el mundo, y tiempos compartidos con mis seres queridos.
Muchas veces me cuestiono si los pasos dados fueron correctos, si los tiempos cumplidos no han sido “malgastados”, y si los objetivos que me impiden acercarme algo más al ideal de vida con la que siempre he soñado no me alejan más de esos momentos.
Así, pienso en nieve no trazada, en extensos prados verdes no paseados, en momentos y viajes no compartidos con mis seres queridos, en objetivos personales post-puestos un sinfín de veces y por motivos diversos, en conversaciones no mantenidas, en lecturas no realizadas, en paisajes no observados, en sentimientos no experimentados, y en una pobre conciencia de mi lugar en el mundo, y de mi propio cuerpo. Pero sólo lo pienso.
Siempre me ha sucedido, y desde mi infancia, concretamente desde que fui consciente de la brevedad de nuestras vidas tras conocer la noticia de la muerte de un famoso payaso de televisión allá por los años 70, este asunto que aquí expongo me ha preocupado sobremanera. Recuerdo como si fuera ayer la noticia que aquí nombro, y como esa noche, intentando conciliar el sueño, las preguntas se acumulaban en mi cabeza, cuestionando dónde había ido a parar este personaje público, si tendría la oportunidad de volver a disfrutar de sus actuaciones, si ese mismo hecho me sucedería en la vida, etc.
Pues bien, todos esos pensamientos que algunas veces me visitan, se traducen en momentos en los que me siento especialmente bloqueado, en los que la cuestión principal que se abre paso en mi mente hace referencia al sentido de mi existencia y la de los que me rodean e importan. Todo esto me pasa, y como diría alguno, me está bien empleado, por ser tremendamente introspectivo y dedicarle tiempo y esfuerzo a analizar estas cuestiones. La vida sería tan sencilla y maravillosa, pero también estúpida e insulsa si sólo me dedicara a completar mis momentos de ocio con visitas a los grandes centros comerciales que nos ayudan a olvidar todo esto de otro modo. Porque, toda esta parafernalia superficial que nos rodea, ¿qué razón tiene que no sea distraernos con objetivos ajenos?
Detallando el proceso analítico de este asunto, con frecuencia, los pasos que sigo de forma involuntaria cuando la cuestión aquí tratada visita mi mente, consisten en un rápido análisis de mis “logros” (donde un amplio peso a los económicos es siempre concedido), enfrentando los mismos a mi edad. Casi siempre esa comparación levanta una alarma en mi foro interno, y una lejana (cada vez menos lejana y más estridente conforme mi edad se acumula) voz confirma que el tiempo pasa veloz, imperdonable, y que muchas de las actividades que le dan sentido a mi existencia son pasadas por alto y disfrutadas en menores cantidades de lo que razonablemente deberían serlo. Supongo que la cuestión es común al resto de los mortales, pero no por ello deja de preocuparme.
Esas actividades que comento están compuestas de breves momentos de libertad, sentimientos muy elevados, conciencia de mi propio cuerpo y de mi lugar en el mundo, y tiempos compartidos con mis seres queridos.
Muchas veces me cuestiono si los pasos dados fueron correctos, si los tiempos cumplidos no han sido “malgastados”, y si los objetivos que me impiden acercarme algo más al ideal de vida con la que siempre he soñado no me alejan más de esos momentos.
Así, pienso en nieve no trazada, en extensos prados verdes no paseados, en momentos y viajes no compartidos con mis seres queridos, en objetivos personales post-puestos un sinfín de veces y por motivos diversos, en conversaciones no mantenidas, en lecturas no realizadas, en paisajes no observados, en sentimientos no experimentados, y en una pobre conciencia de mi lugar en el mundo, y de mi propio cuerpo. Pero sólo lo pienso.
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