Monday 16 April 2012

Mi papi es un esquiador

Necesitaba compartir con vosotros esta lectura, y es que acabo de leer un post http://goodmenproject.com/families/a-very-old-man-with-enormous-skis/ que me ha “puesto los pelos de punta” por recoger a la perfección mis sentimientos.

 

Es evidente que no soy el único que ha compartido este sueño, pero nunca lo encontré reflejado tan fielmente, y hasta ahora fui incapaz de encontrar palabras tan acertadas para mi narración.

 

Quiero recomendar su lectura, y aunque el original está redactado en  Inglés, echadle un vistazo o intentad traducir el mismo con Google.

 

Por mi parte, me he permitido traducir algunos pasajes que me han sonado mágicos, y que han hecho en momentos aflorar una sonrisa en mi cara y casi provocar lágrimas al final de la lectura. Y es que, ¿a quién no le gusta escuchar o leer pensamientos semejantes a los que uno maneja en su cabeza?

 

El post se llama “Un Hombre Muy Viejo Con Unos Esquís Enormes” (“A Very Old Man With Enormous Skis”), y en él, Robert Barsanti (desconozco quién es pero me encantó su narración), habla sobre su padre de esta manera:

 

“Mi padre era un esquiador. Más que un abogado, jugador de tenis, compañero de juegos, guía, o incluso marido, él era un esquiador. Cualquier otro papel que interpretase sólo estaba dirigido a permitirle subirse al coche y conducir hacia el norte, a la nieve y las montañas. Lejos de sus esquís, mi padre tropezaba con despachos y sillas”.

 

“Los hombres tenemos un sueño de quién podríamos ser. Nunca desvelamos la totalidad del mismo a nadie. Los que nos aman, sólo pueden ver la sombra de nuestro sueño, pero en nuestros corazones, el hombre que podríamos ser ríe y se pone fuera del alcance del resto. Dejados a nuestro antojo, pensamos que si madrugáramos más, que si ahorráramos más y que si convenciéramos a nuestra esposa, podríamos llegar a ser ‘Ese Tipo’”.

 

“Esquiaba perfecto, en las mejores condiciones de nieve todo lo que escuchábamos era el silbido de la nieve y el desliz de sus esquís. Sólo utilizaba sus cantos para parar”.

 

“Mi padre soñaba con ser Bing Crosby (cantante y actor estadounidense de éxito). Se veía a sí mismo regentando un local del tipo al Holiday Inn, con un Manhattan en una mano mientras sujeta la puerta del establecimiento abierta al frío. Detrás de él, el fuego crepitaría en la chimenea, la mesa estaría preparada para veinte, y su familia trabajaría tras las puertas de la cocina y la tienda. Ante él, invitados adinerados, elegantes, de buena inteligencia y exitosos, llegarían esquiando a la puerta del local, subirían las escaleras aún con las botas de esquí puestas y dejarían los mismos apoyados en la pared de la casa mientras entran en la recepción”.

 

“Pero luego nací yo, y mi hermana y mi hermano. El apartamento se convirtió en una casa, y los viajes a la nieve se perdieron en los bolsillos de los ebanistas que remodelaban la casa y de los pañales que gastábamos. Después, cuando fuimos lo suficientemente mayores, ‘Ese Tipo’ volvería con sus sueños de Bing Crosby. Y podría esquiar de nuevo”.

 

“Recuerdo a mi padre anunciando la nieve con días de antelación, de la misma forma con la que soñaba con una buena comida. Intuía la tormenta el lunes, la misma podría aparecer el martes, ya sería inminente el miércoles, para convertirse en una tormenta de nieve el viernes, y caería como lluvia el sábado. Para mi padre, no había palabras más tristes que ‘La nieve se convirtió en lluvia’”.

 

“En una mañana de sábado que siempre recordaré, nos metió a todos en su Jeep Wagoneer a una hora intempestiva por lo temprana y condujo durante dos horas al norte. Mi madre nos acompañaba con el enfado de un prisionero que no tenía nada que perder. Mi padre miraba a la lluvia y decía, ‘Toda esta lluvia que veis es nieve en el norte’. Cuando llegamos a la montaña, llovía a cántaros. Los charcos cubrían el llano en la base de la montaña, nadie esquiaba, nadie llegaba para aparcar. Como Don Quijote frente a los molinos de viento, el sueño murió con violencia. Como una última bofetada de realidad, los remontes estaban funcionando bajo la lluvia”.

 

“El papel de mi madre en todo esto se veía reducido a llevar los sueños de mi padre a la realidad de la economía familiar, las pocas habilidades de la infancia y las leyes de la física”.

 

“Ahora, ya es demasiado viejo, frágil y pesado para esquiar. Sus amigos o han muerto o están demasiado enfermos. Aunque sus hermanos todavía esquían, al menos cuando la salud se lo permite, no hay nadie que le lleve al norte. El tiempo, el mayor ladrón, lo roba todo. Y el esquí le debe haber abandonado ya definitivamente a estas alturas. El horizonte sencillamente se ha escapado”.

 

“Con su afición, trajo a casa más lágrimas y dolores de cabeza que otra cosa. Nos subiría a la montaña en medio de la lluvia y el barro de un febrero inusualmente cálido. Gastó una suma de dinero inconcebible y sólo consiguió humillación y frustración. Mi madre luchó contra él hasta su muerte, para ser enterrado en un día en el que cayeron veinte centímetros de nieve polvo”.

 

“Los padres tienen tan poco que dejar a sus hijos. Les dejamos nuestros fallos y fracasos, muy poco de nuestros dones, y la esperanza de que el mundo sepa apreciar las pocas habilidades que les dejamos para la próxima generación. Y, será suficiente si yo consigo aprobar con nota el sueño de ‘Ese Tipo’ junto con todo lo demás, poder deslizarme por una pista vacía a las cuatro de la tarde con una fila de niños detrás, y con su madre esperando en la recepción con un chocolate caliente”.

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